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Calidad de aplicación: la receta para evitar malezas resistentes

20 de Mayo del 2021

Una aplicación efectiva depende de una gran cantidad de factores a tener en cuenta. En ocasiones, solo un factor mal implementado o no considerado, disminuye la eficiencia buscada, aumentando costos por segundas aplicaciones y fomentando la selección natural de las malezas por subdosificación.
 

Las malezas resistentes y tolerantes a herbicidas son un serio problema que afecta el sistema productivo, y constituyen uno de los factores bióticos adversos de mayor importancia en los cultivos.

Actualmente, según datos de Aapresid, en Argentina contamos con 39 biotipos resistentes o tolerantes a herbicidas que actúan en diferentes sitios de acción y a su vez existen casos de resistencias múltiples. El aumento de los casos de resistencia y tolerancia requiere combinar varios métodos para maximizar las posibilidades de un manejo exitoso, de las cuales, la calidad de la aplicación es uno de los principales.


ALERTAS RESISTENCIAS AAPRESID

 

¿Malezas resistentes o tolerantes?
 

La resistencia es la habilidad hereditaria que algunos biotipos dentro de una población adquieren para sobrevivir y reproducirse a determinada dosis de un herbicida, a la cual la población original era susceptible. Los aumentos de casos de resistencia se originan por la selección ejercida en la población de plantas, derivada de prácticas agronómicas erróneas. Cualquier población de malezas puede contener biotipos resistentes en baja frecuencia. El uso repetido de un mismo herbicida o de herbicidas con el mismo modo de acción, expone a la población a una presión de selección que aumenta el número de individuos resistentes. La resistencia a herbicidas se desencadena mediante dos tipos de mecanismos: los de sitio activo (resistencia específica) y los de resistencia por exclusión (no específica).

La resistencia de sitio activo se origina por modificaciones en el sitio de acción afectado por el herbicida, y generalmente está ocasionada por mutaciones en la secuencia del gen que codifica una enzima, resultando en una pérdida de afinidad del herbicida y evitando por ende el proceso fitotóxico.

En cambio, la resistencia no específica se origina por una reducción de la cantidad de herbicida que llega al sitio de acción, ya sea por subdosificación, baja penetración, menor translocación, o incrementos en los niveles de secuestro-metabolización del herbicida.

También, surgen los conceptos de resistencia cruzada y resistencia múltiple. El primero refiere a biotipos resistentes a dos o más herbicidas con igual modo de acción, el segundo implica también biotipos resistentes a uno o varios herbicidas con distinto modo de acción.

Por otro lado, la tolerancia, es la capacidad natural heredable de una especie para sobrevivir y reproducirse luego de la aplicación de un principio activo. Es decir, son aquellas que no se controlaban con un determinado herbicida y que nunca fueron controladas con ese principio activo.

Calidad de aplicación
 

El éxito de un tratamiento fitosanitario depende de tres factores principales: la correcta elección de producto y su dosis, el momento oportuno de control y la calidad de la aplicación. Muchas veces hay fallas o una baja eficiencia de control, que no siempre es responsabilidad del fitosanitario, y/o su dosis; sino a que el producto no llegó en cantidad suficiente al blanco.

La calidad de aplicación es una tecnología de procesos, del equipo aspersor y de los fitosanitarios. Las tecnologías de procesos tienen varios pasos que impactan en el resultado final. Una aplicación efectiva o de calidad, dependerá del número de gotas que alcancen el blanco, la homogeneidad de cobertura y la persistencia de la gota para que ejerza su efecto fitosanitario. En ese sentido, el uso de productos coadyuvantes, más el asesoramiento técnico adecuado, es una solución para lograr un mejor rendimiento en la producción.

Varias veces se habla de un mal control, en donde se culpa al producto o a alguna resistencia, tendiéndose por lo general a cambiar de producto o a aumentar las dosis. Lo que no se tiene en cuenta es que probablemente se ha realizado una mala calibración del equipo pulverizador, o que el tamaño de gotas producidas es inadecuado, o que las pastillas estén desgastadas, o que la mezcla de tanque no haya sido la correcta, o que la calidad de agua no sea la ideal, etc. Estos son todos factores muy importantes y que cuando los descuidamos, con frecuencia dan como resultado una aplicación de mala calidad.



Las aplicaciones fitosanitarias son el eslabón más débil en la cadena de eventos de la producción agrícola. Muchos especialistas consideran que más del 70% del resultado de un producto depende de la eficiencia de la aplicación.

 


Este gráfico ilustra el proceso en cuatro pasos: aspersión, aplicación, absorción y degradación. A la derecha los indicadores verificables cuali y cuantitativos, a la izquierda, los posibles causales de la baja eficiencia y la solución al problema.

Ante todo, y como primera medida a tomar, es imprescindible contar con la receta agronómica de aplicación. Esta debe estar conformada según la legislación de cada provincia y sobre la base del diagnóstico que el agrónomo haya determinado sobre la adversidad a controlar. Allí se detallan todas las indicaciones a considerar al momento de la aplicación: cultivo a tratar, principio activo y dosis; además se puede agregar: lugar, fecha de aplicación, marca comercial del producto, diagnóstico y recomendaciones en cuanto a las condiciones climáticas.

Debemos lograr un caldo de aplicación que potencie la actividad biológica de las moléculas elegidas para controlar la maleza objetivo. El caldo y principalmente el vehículo (el agua) deberán tener una determinada calidad química que logre también la mayor estabilidad de las moléculas. Conocer las propiedades fisicoquímicas del agua a utilizar resulta fundamental a la hora de hacer una aplicación eficiente y de calidad.

Una vez correctamente preparado el caldo, respetando las proporciones indicadas por el especialista o el membrete, el producto primeramente es asperjado y luego aplicado. Lo que se interponga en el proceso se llama barrera de la aplicación.

La cuantificación de la aspersión se mide en volumen, y consecuentemente en dosis por hectárea; por lo que requiere de una adecuada calibración del equipo, ya que si pensamos que arroja 100 lt/ha, y realmente arroja 80 lt/ha, la dosis es 20% inferior.

La aplicación se verifica por el número de gotas por centímetro cuadrado y/o la recuperación del fitosanitario. Las fallas de aplicación pueden tener origen en dos fenómenos diferentes, la evaporación de la gota o la falta de penetración.

Posteriormente el fitosanitario se debe absorber, para lo que debe llegar y permanecer soluble mientras dure el proceso sobre la hoja. En esta etapa la barrera a vencer se denomina de la absorción. Para acelerar el proceso existen coadyuvantes específicos: tensioactivos órgano siliconados, sulfato de amonio, aceites y lecitina de soja. Su efecto es eliminar o reducir las barreras de cera superficial, y por su elevada compatibilidad con la cutícula de la hoja aceleran el ingreso de una mayor cantidad del fitosanitario.

Desde que el fitosanitario es disuelto en agua se inicia su degradación que depende de 4 factores clave: la sensibilidad del producto, el pH del agua, la presencia de ciertos cationes, y el tiempo trascurrido entre la aspersión y la llegada del fitosanitario al sitio de acción. La degradación depende de la calidad del agua y del tiempo.

Mas información: Calidad del agua

Para corregir estas limitaciones existen en el mercado coadyuvantes que actúan secuestrando cationes, regulando el pH y otros clarifican el agua. Los correctores de agua deben agregarse como paso previo a los plaguicidas; por ejemplo, la adición de sulfato de amonio como secuestrante de cationes debe adicionarse a la mezcla 30 a 40 minutos antes de agregar los herbicidas. Una vez disueltos los fitosanitarios el caldo debe aplicarse en forma inmediata, para reducir la influencia de la hidrólisis.

Finalmente, una determinada cantidad del principio activo llega al sitio de acción y la maleza es controlada.

Recomendación final

Nunca debemos dejar de prestar especial atención a todos los factores que afectan la calidad de aplicación, monitoreando cultivos para determinar la ubicación de plagas, el estado de las malezas, el equipo, las condiciones ambientales, la calidad del agua, etc. El monitoreo del ambiente agronómico es una tarea profesional altamente rentable. Las fallas de tratamientos disminuyen rendimientos y aumentan la presión de malezas resistentes, generando costos adicionales permanentes.


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