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Más humedad no es garantía. La diferencia la hace la nutrición.

Más humedad no es garantía. La diferencia la hace la nutrición.

13 de Julio del 2026

Autor: Ing. Agr. Guillermo Walker

Cada campaña agrícola presenta desafíos diferentes. Mientras los años secos obligan a administrar cada milímetro de agua disponible, los escenarios con mejores perspectivas hídricas suelen despertar una expectativa lógica de mayores rendimientos. Sin embargo, contar con más agua no garantiza por sí solo una campaña de alto potencial.

Cuando las precipitaciones acompañan, el cultivo incrementa su demanda de nutrientes y, al mismo tiempo, aumentan los riesgos de pérdidas por procesos como la lixiviación y la desnitrificación. En otras palabras, un ambiente con mayor disponibilidad hídrica también exige una estrategia de nutrición más precisa y eficiente.

Si los pronósticos vuelven a indicar una campaña influenciada por condiciones Niño, el desafío ya no será únicamente aprovechar el agua disponible, sino lograr que la nutrición acompañe ese potencial desde la implantación hasta el llenado de granos.

El primer paso sigue siendo el diagnóstico

Toda estrategia de nutrición comienza antes de la compra de fertilizantes.

Los análisis de suelo continúan siendo la herramienta más confiable para conocer la disponibilidad real de nutrientes, detectar posibles limitantes y ajustar las dosis según el potencial de cada ambiente. Este diagnóstico permite evitar tanto deficiencias que limiten el rendimiento como aplicaciones innecesarias que incrementen los costos sin generar respuestas productivas. Cuando el ambiente ofrece la posibilidad de expresar altos rendimientos, conocer el punto de partida deja de ser una recomendación para convertirse en una necesidad.

Más potencial también significa mayor demanda

En campañas con buena disponibilidad de agua, el mayor crecimiento de los cultivos viene acompañado por una mayor extracción de nutrientes. Cuando el ambiente permite expresar un mayor potencial de rendimiento, la nutrición deja de ser una práctica complementaria para convertirse en uno de los principales factores que determinan el resultado final.

En gramíneas como trigo y maíz, el fósforo cumple un rol fundamental desde las primeras etapas del cultivo, favoreciendo el desarrollo radicular y una rápida implantación, mientras que el nitrógeno impulsa el crecimiento vegetativo y explica gran parte de la respuesta en rendimiento. A medida que el cultivo avanza en su ciclo, la demanda de nitrógeno aumenta considerablemente, concentrándose entre los estadios de mayor crecimiento.

En soja, aunque una parte importante del nitrógeno proviene de la fijación biológica, la disponibilidad de fósforo, azufre y micronutrientes continúa siendo determinante para sostener altos niveles de productividad. En planteos de alto potencial, cualquier deficiencia nutricional puede transformarse rápidamente en un factor limitante.

En definitiva, cuando el agua deja de ser la principal restricción, son los nutrientes quienes terminan definiendo hasta dónde puede expresar su potencial cada cultivo.

Demanda relativa de nutrientes durante el ciclo del maíz

  • Figura 1. La absorción de nutrientes no es uniforme durante el ciclo del maíz. Entre V6 y floración se concentra la mayor velocidad de absorción, por lo que sincronizar la oferta de nutrientes con estos estadios mejora la eficiencia de uso del fertilizante y disminuye el riesgo de pérdidas en campañas húmedas.

Fraccionar para mejorar la eficiencia

Uno de los conceptos que cobra mayor importancia en escenarios húmedos es el fraccionamiento de las aplicaciones nitrogenadas.

Aplicar todo el nitrógeno al momento de la siembra incrementa el riesgo de pérdidas antes de que el cultivo alcance sus momentos de mayor demanda. En cambio, distribuir la fertilización entre una aplicación inicial y refertilizaciones durante el ciclo permite sincronizar mejor la oferta de nutrientes con las necesidades fisiológicas del cultivo.

En maíz, una parte importante del nitrógeno puede aplicarse entre los estadios V6 y V8, cuando comienza el período de mayor velocidad de crecimiento y absorción. Esta estrategia mejora la eficiencia de uso del fertilizante y reduce pérdidas económicas derivadas de eventos climáticos.

En ambientes con alta probabilidad de precipitaciones intensas, el uso de inhibidores de ureasa o de nitrificación también puede constituir una herramienta complementaria para proteger el nitrógeno aplicado y maximizar su aprovechamiento por el cultivo.

La nutrición es una estrategia, no una única decisión

Durante muchos años, la nutrición del cultivo se resumía en definir una dosis de fertilizante al momento de la siembra. Hoy sabemos que los sistemas productivos de alto rendimiento requieren una mirada mucho más integral.

La estrategia comienza con un diagnóstico preciso, continúa con una fertilización de base ajustada al potencial del ambiente y se fortalece mediante decisiones de manejo que acompañan al cultivo durante todo su ciclo.

En ese contexto, el fraccionamiento de nutrientes, el uso de tecnologías estabilizadoras y la incorporación de bioestimulantes y productos de nutrición foliar dejan de ser prácticas aisladas para transformarse en herramientas complementarias de una misma estrategia.

Su objetivo no es reemplazar la fertilización, sino potenciar su eficiencia, favorecer la actividad fisiológica del cultivo, optimizar el aprovechamiento de los nutrientes disponibles y acompañar los momentos de mayor demanda para que el potencial productivo se traduzca efectivamente en rendimiento.

 

Conclusión

Los años con mejores perspectivas hídricas representan una gran oportunidad para alcanzar altos rendimientos. Sin embargo, el agua por sí sola no asegura el éxito productivo.

En escenarios de alto potencial, la nutrición adquiere un rol protagónico. Diagnosticar correctamente, ajustar la fertilización a las necesidades del ambiente, sincronizar las aplicaciones con los momentos de mayor demanda y complementar el manejo con herramientas que potencien la eficiencia nutricional son decisiones que permiten transformar un escenario climático favorable en resultados concretos.

Porque, al final, más humedad no es garantía. La diferencia la hace la nutrición.


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